PREMIO MUJER TRABAJADORA 2002
10 de marzo de 2002

Palabras de Leopoldo de Luis

Señoras y señores, queridos amigos, yo suponía que la amabilidad de los directivos de este grupo me iba a hacer el honor de pedirme una intervención y yo hubiera tenido que improvisar y como ustedes saben, el maestro de los oradores españoles, que ha pasado a la historia, Don Emilio Castelar decía: “la mejor improvisación es la que se trae convenientemente preparada”. Entonces he tomado alguna nota. La verdad es que a mí me produce una gran satisfacción hablar en este acto, por el centro donde lo voy a hacer y que tanta simpatía me inspira y tan amablemente se ha comportado siempre conmigo, pero es muy grato además hablar de esos tres temas: la mujer, el trabajo y la amistad. En primer lugar porque el trabajo para mí es algo completamente asumido en mi vida, yo, que fui muy mal estudiante, en cambio he sido un tozudo trabajador durante muchos años.

En cuanto a la amistad, qué duda cabe que nada más grato que poder hablar de los méritos de una amiga como es Carmen Salamanca y de la mujer les puedo confesar que siempre he tenido predilección por ellas. Creo que la mujer para mí sería en tres versiones, la sirena, que es la que nos encanta y nos alegra, la madre, que es la que nos acoge porque es la patria y es la naturaleza misma, y la doncella que es la que nos enamora y se enamora.

También hay otra manera de verlo como Eva que es la creación, Elena que es la mujer fatal, Sofía que es la sabiduría, o María que es la virtud, la ternura, el acogimiento amoroso. De todas maneras el tema se presta a una larga consideración que no es el momento de hacer ni de cansarles a ustedes, pero sí les diré que el trabajo es algo tan unido a la vida del ser humano que por mucho que nos remontáramos en la historia encontraríamos el trabajo. El trabajo quizá sea la causa del nacimiento del idioma. Piensen ustedes en la antigüedad, cuando cualquier trabajo significaba un esfuerzo tremendo, cuando los grandes hacheros tenían que arrastrar los gigantes forestales, cuando el pescador tenía que arrastrar su arca en la arena, cuando los grandes pesos carecían de elementos para elevarlos y en realidad el trabajo se acompasaba con una serie de gritos, de palabras guturales que marcaban el ritmo, por eso el ritmo es tan consustancial con la poesía misma, marcaban el ritmo y marcaban el esfuerzo y el comienzo del idioma. El trabajo quizá, visto así, puede ser incluso el fundamento del idioma.

Además desde el Génesis “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, desde el Génesis el trabajo está unido al esfuerzo y puede que se considere, algunos aún lo consideren como un castigo, y por eso se llama trabajo, porque muchos de ustedes ya sabrán que la etimología del trabajo viene de un elemento de castigo que tenía tres palos, y trabajo viene de tres palos que viene a modificarse en “trabajo”.

Habría que recordar Los trabajos y los días de Hesíodo, cuando ya fuera de la relación del hombre con los dioses es el hombre con la tierra. Como es el día de la mujer trabajadora yo quería referirme, si ustedes me lo permiten, a una mujer que fue pionera en el trabajo y a la que yo admiré y desde hace muchos años he venido admirándola, que fue la que propicia hacia los años 30 nada menos que el voto femenino, que era Doña Victoria Kent. Victoria Kent que fue la primera mujer que se asoció al Colegio de Abogados de Madrid, que luchó en primer lugar por el trabajo de la mujer en las minas, que después de sus actividades como diputada en las cortes de la República, fue Directora General de Prisiones y llevó el humanismo a las prisiones. En las prisiones españolas se vivió de otra manera desde que fue Directora General doña Victoria Kent, a la que tanto elogió una poetisa americana, Gabriela Mistral y una poetisa española, Carmen Conde.

Pues bien, después de esta referencia a una mujer que para mí fue ejemplar en este sentido, habrá que decir algo de esta mujer trabajadora a la que hoy rendimos homenaje y a la que yo dedico mi saludo más afectuoso y más verdadero. Ella sólo con un título ya ha creado una manera de entender a la mujer trabajadora, Alas de mujer. Alas de mujer, título de Carmen Salamanca es eso, las ilusiones, las esperanzas, la conquista de esa mujer hacia una visión emocionada y lírica de la vida. Alas de mujer o Deshaciendo nudos, ¿qué hace la mujer trabajadora más que deshacer nudos?, ha venido deshaciendo nudos durante muchos años y al unirse al trabajo nos recuerda que ya este trabajo fue elogiado por el poeta español que escribe el primer poema que se puede considerar democrático nada menos que en el siglo XV, nada menos que cuando nos dice que a través del trabajo se unifican los hombres, es decir, que ascienden junto a todos los demás, nada menos que los que viven con sus manos que son los que se reflejan en ese cuadro que hoy se va a entregar a la premiada en esta actividad. Los que viven por sus manos, que es la mejor metáfora del trabajo y, por supuesto, en este caso de la mujer trabajadora.

De los libros de Carmen Salamanca podríamos extraer y glosar versos realmente ejemplares. Me quedo solamente por su valor lírico cuando nos habla de pequeñas azucenas, esas pequeñas azucenas invisibles que pasan por su poesía nos conmueven, nos emocionan a todos, y yo para no cansarles más en homenaje suyo me voy a permitir leerles dos poemas, no demasiado extensos, no se asusten. Dos poemas que le dedico a ella, no están especialmente dedicados ni a ella ni a la mujer trabajadora, pero sí son presencias de la mujer en el poeta, que ha llegado a escribir esos poemas a través de esa presencia femenina en la creación de su obra. Son dos poemas que se titulan “Una mujer se acerca” y otro que se titula “Una mujer se aleja”, quizá porque siempre estamos entre la mujer que se acerca y la mujer que se aleja.

UNA MUJER SE ACERCA

Se acercó una mujer junto a la puerta
apenas su silueta se esbozaba
y hablaba igual que una delgada lluvia.

Yo soy el ala oscura de la tarde
las cortezas amargas del otoño
el carbón apagado de diciembre.

Yo soy el cerco mustio de las rosas
las hojas carcomidas que el verano
arrancó entre cenizas crepitantes.

Yo soy el soplo pobre de nostalgia
el cañamazo del dibujo antiguo
los dedos amarillos del recuerdo.

Yo soy la sorda música de ayer
soy la canción de la reminiscencia
y la cenefa gris de la memoria.

Yo soy la peor hoja del cuaderno
y la caligrafía que lo enviste.

Yo soy... pasó un golpe de viento
e impasible la puerta se hizo sombra.

UNA MUJER SE ALEJA

Yo soy la esquina oscura de la tarde
cuando el mundo se pone de rodillas
en el reclinatorio de la sombra
y una anciana mujer pasa creyendo
que fue hermosa y la amaron los muchachos.

Yo soy la puerta falsa del otoño,
cuando un perro amarillo apenas roe
el hueso mondo del verano
y una mujer con guantes de ceniza
escribe extrañas cartas sin destino.

Yo soy las galerías del invierno
cuando cruzan los cisnes emigrantes
desde estanques azules sin orillas
y una mujer contempla el cielo pálido
tan desvaído ya como sus senos.

Yo soy el cortinaje de una estancia
en la que habitan pájaros sin alas
y desde rotas cristaleras veo
como se aleja una mujer de niebla.

Muchas gracias.

Premio Mujer Trabajadora del 2002