PALABRAS DE AMELIA DÍEZ CUESTA

         Agradezco a la Asociación Pablo Menassa de Lucia, Aula de Poesía y Psicoanálisis, que hoy me permita representar a la mujer trabajadora, agradezco también a la poesía que me hizo una mujer y al psicoanálisis que me hizo una trabajadora.

          Y una mujer trabajadora quiere decir alguien que no sólo trabaja por amor o para que la amen, sino alguien que trabaja para el orden del deseo humano, pues sabemos que no hay mal de amores sino mal del deseo. El deseo siempre transcurre entre palabras, entre él, ella y el mundo, mientras que el amor es siempre a uno mismo.

          Nos amamos a nosotros mismos en el otro, el amor es recíproco quiere decir eso, mientras que el deseo es palabra a palabra, en tanto no somos, también los hombres, sino una conversación.

          Trabajar incluye pensar el dinero y eso está más prohibido, para la mujer, que pensar el sexo. Por eso que la inclusión de la mujer es tan dificultosa, produciéndose una situación donde se podría interpretar que la necesidad social de incluir a la mujer en el trabajo ha hecho que se pague menos a la mujer para que pueda trabajar sin quedar manchada por el dinero. Por eso que la historia de la mujer no es la historia de su incorporación masiva al trabajo, sino la historia de la palabra mujer.

           Lo que denominamos patriarcado con alusiones irónicas al patriarca no es sino un desplazamiento del patriarcado como Nombre-del-Padre, eso que hace que las leyes del lenguaje tomen la articulación de leyes del parentesco, donde un padre es más una cuestión simbólica que una cuestión dada por los órganos de los sentidos.

           Lo mismo pasa con el significante mujer, en tanto es otro de los significantes constitutivos del sujeto. El ser humano, hombre o mujer, vive en medio de todas las contingencias: la muerte, la mujer, el padre.

           La Sabiduría, la Justicia, la Belleza, la Dama, son mujeres, lo cual no quiere decir que una mujer por el simple hecho de ser mujer sea sabia, justa, bella y princesa.

           La comunidad de los hombres pronto supo que todo era semblante significante, pronto supieron que eran mortales, que ellos eran el pequeño cuerpo tembloroso que sostenía las armaduras del caballero. Sabía que él era el caballero, y sabía que el caballero no era él.

           La manera de constituirnos como sujetos sexuados mediante la represión hace que hayamos construido una sociedad represiva, aunque la doble moral permitida para el hombre, es decir los hombres tenían permiso para elaborar intelectualmente los problemas sexuales, mientras que para las mujeres la moral sexual cultural les prohibía toda curiosidad intelectual. En toda inhibición sexual hay una previa inhibición en el lenguaje. Esta prohibición se extiende más allá de la esfera sexual.

          Se habla de una debilidad mental fisiológica de la mujer, pero la indudable inferioridad intelectual de tantas mujeres ha de atribuirse a la coerción mental necesaria para la coerción sexual.

          Y esto no se arregla con el amor libre, que ya se intentó, porque se trata de permitir que las palabras se combinen según la ley del lenguaje y no según una prohibición que cae sobre la función de la palabra. Por eso que los problemas sexuales no se curan con sexo sino poniendo en función la palabra.

          Por eso que pido que dejemos de pertenecer a la historia de la costilla de Adán para hacer de la historia de la humanidad nuestra historia. Que abandonemos la lucha contra nuestros compañeros y busquemos en nosotras aquello de lo que les acusamos.

          La poesía es la verdadera historia de los pueblos porque la historia oficial es la historia de los vencedores, por eso que la historia de la mujer hay que buscarla en la poesía, en la escritura. Los poetas épicos inventaron al padre y los trovadores a la dama, por lo tanto son sublimaciones culturales. Así Freud nos dice que mientras los antiguos valoraban la tendencia sexual, los modernos valoran el objeto, aún cuando va en aumento la degradación de la vida amorosa.

          Hasta que no tenga libertad de palabra ella no alcanzará sus posibilidades, y libertad nada tiene que ver con decir lo que me da la gana, sino con dejarme determinar por la estructura del lenguaje. "Rehice mi vida pero no mis sentimientos, ahora no tengo vida ni sentimientos".

          Ser hombre o ser mujer es poco para ser humano, por eso que hombre o mujer no son sino datos biográficos, o bien son dos significantes de la constitución sexual del ser humano, articulados con los significantes padre y madre.

         En la historia del movimiento poético y en la historia del movimiento psicoanalítico nunca han faltado trabajadoras mujeres.

          Atribuir nuestros sometimientos a una fuerza exterior: hombres, sociedad, oportunidades, es excluir o forcluir que nosotras también pertenecemos a lo que expulsamos. Sólo si nos implicamos y en vez de querer cambiar a los otros producimos un cambio en nosotras, conseguiremos salir de la ilusión del infortunio personal.

         Desde la llegada de los Derechos Humanos hubo un retroceso en la historia de la mujer, porque pasó a reivindicar sus derechos o bien a esperar que le fueran concedidos, es decir que la idea de derecho sin trabajo invadió este siglo con una despedida del deber. Y el deber se llevó la deuda simbólica, esa deuda que sólo se paga produciéndola. Los poetas quedan en deuda con la poesía que tanto les dio, los científicos con la ciencia, el hombre y la mujer con hombres y mujeres que nunca conocerán.

         Este siglo nos ha vencido y nos ha vencido también el psicoanálisis que viene a develarnos que nuestro silencio no es el misterio del amor, invitándonos a hacernos habitantes del lenguaje, en tanto por primera vez se le dice a la mujer que hable.

         Entre la frigidez donde hay una insatisfacción conseguida y la ninfomanía donde nunca se logra la satisfacción, en cierto modo otra forma de homenaje a la insatisfacción, ella goza prestando servicio sexual, es decir goza más siendo besada que besando, ella goza cuando él le hace creer que es la causa de su deseo, o bien su Dama.

         En la clínica he visto transformarse, en el proceso de un embarazo, a una joven "princesa", que nunca lo había sido sino en la promesa, en una reina madre, pasando a demandar inconscientemente que se le rinda pleitesía, tomando carácter de ofensa hasta el hecho de dirigirse a ella sin su previo consentimiento, y no en otro reino que en el de su vida cotidiana.

         Los seres humanos somos doblemente engañados, a veces creemos que el reflejo de nuestra imagen es una persona y otras creemos que las personas son imágenes, por eso que son necesarios los pactos simbólicos, no sólo para acordar sino también para no estar de acuerdo.
          Hay hombres y mujeres que sufren, que viven a la intemperie de la civilización, y no sólo por carencias en las necesidades también por carencias culturales, porque aunque hemos alcanzado la posibilidad de un alto grado de alfabetización, sin embargo aumentan los analfabetos funcionales, es decir los que han adquirido la función de la palabra y de la escritura pero no ejercen ese poder.

         Por eso que el ser humano necesita algo más que promesas en la economía de los bienes, ya que si no hay ideas y proyectos, lo humano se marchita. ¿Se tratará tal vez de transformar la esperanza en proyecto, el entusiasmo en trabajo, el prejuicio en discriminación, e incluir la diferencia?

         Esta vez el psicoanálisis es el que trae una nueva manera de pensar, también a la mujer, y le propone que hablar sea lo diferente.

          Soy una mujer, nací hace un millón de años y tengo derecho a la palabra.

-         PALABRAS DE OLGA DE LUCIA, Presidenta de la Asociación

-         PALABRAS DE ANTONIA SAN JUAN

-         PALABRAS DEL POETA LEOPOLDO DE LUIS

-         PALABRAS DE CARLOS FERNÁNDEZ DEL GANSO, 
Secretario de la Asociación

 

Premio Mujer Trabajadora del 2000