PREMIO MUJER TRABAJADORA
2003
8 de marzo de 2003
Palabras de Olga de Lucia
Quiero agradecer a la Asociación Pablo Menassa de Lucia, Aula de Poesía y Psicoanálisis el haberme otorgado este premio que me permite representar a la mujer trabajadora, en particular la mujer trabajadora Grupo Cero.
Poesía, Psicoanálisis, trabajo y grupo, cuatro elementos esenciales para poder transformar esta materia prima que somos en una mujer. Festejamos hoy por sobre todas las cosas que el trabajo no nos haya matado, como a aquellas obreras textiles que el ocho de Marzo de 1908, murieran quemadas bajo el designio todopoderoso de un amo ofendido porque osaron contrariar su voluntad, reclamando una causa justa, que la jornada de trabajo no sobrepasase las 10 horas. En 1948 la ONU promulga la “Declaración de los Derechos Humanos” u en 1975 instaura el Día Internacional de la mujer trabajadora, el 8 de Marzo, día del nefasto asesinato. Este día a nacido pues con espíritu reivindicativo.
El papel de la mujer en nuestra sociedad sufrió un cambio considerable con la revolución industrial y más aún después de la primera guerra mundial, donde la mujer pasó a formar parte de la producción y se incorpora a tareas que hasta entonces estaban reservadas para los hombres. La percepción del salario le permite cierta libertad. Los movimientos feministas se multiplicaron y lo que había sucedido como hechos aislados en algunas mujeres prototipo, comienza a propagarse. Desde entonces se bregó para conseguir un lugar de reconocimiento. La mayoría de los movimientos, persiguen la igualdad de los sexos, es decir la mujer ambiciona y reclama el lugar del hombre y es ahí donde nuestra posición se diferencia.
El Grupo Cero, la escritura Grupo Cero y en particular la de su Director, el Dr. Menassa ha aportado nuevos conocimientos acerca de la mujer, gracias a su larga y prolífica trayectoria como psicoanalista y su posición como escritor: “Escribiendo he gozado como una mujer”, es decir sin saber, siendo atravesado por la escritura.
Leía en una comunicación en Internet indagando sobre el tema, que desde el punto de vista psicológico o psiquiátrico la alteración del comportamiento en la mujer trabajadora no tiene que ver con los rasgos constitucionales del psiquismo femenino, ni con el complejo de castración o la protesta viril. Se debe a un hecho socioeconómico concreto. Es sin duda una teoría que toma un aspecto parcial de la mujer, tan parcial como el campo de la realidad.
A los antropólogos le fue encargada una investigación para evaluar si el cerebro de la mujer era más pequeño que el del hombre y ellos encontraron que a veces era más grande y que también había diferencia entre cerebros femeninos y que en general esto dependía del tipo de cultura. En sociedades más primitivas se desarrollaba más, mientras en sociedades más civilizadas era menor. El estudio se hizo también en la época actual. La conclusión fue que en la civilización la mujer se mantuvo alejada de las funciones que desempeñaba el varón, determinando una falta de cultivo y ejercicio del cerebro y por lo tanto menor masa encefálica. Podríamos decir que la diferencia está en la cantidad de palabras que utiliza una mujer, sometida a la coerción social sobre dos temas tabú para la misma; el sexo y el dinero y todas las cadenas asociativas que en algún punto los rozan.
En esa lucha entre los detractores de la mujer y sus defensores, se fueron haciendo importantes conquistas en el derecho civil, laboral, penal con leyes que permitieron el voto femenino, la limitación de los derechos del marido sobre la capacidad de decidir sobre su mujer sin previo acuerdo, es decir tomar su representación sin su consentimiento, posibilidad de acceder a la universidad, permiso por maternidad, etc. Es decir se la incorporó a la escala humana.
La primera mujer abogada que accedió a un puesto de trabajo en España, lo hizo en 1950, o sea que las conquistas femeninas son muy recientes. Ella, doña María Cesárea Arias Delgado dijo en su discurso de asunción: Un abogado no tiene por qué brillar, sino trabajar.
Sin embargo a medida que las leyes protegen más a la mujer, algunos hombres se toman la justicia por su cuenta, mejor dicho la injusticia por su cuenta con el consentimiento de la sociedad, pues estamos cansados de presenciar muertes anunciadas.
La ley sabe que lo que se puede igualar son los derechos de la mujer, pero no igualar su sexo. Cualquier humano adquiere una mayor dignidad por el trabajo, pero no es lo que lo determina. Ese espacio tiempo de nuestra vida cotidiana está producido por dos determinaciones, la determinación social que está pautada por los sistemas de producción, la determinación inconsciente, pienso donde no soy y una imposición variable, los modelos ideológicos del Estado.
Esas determinaciones hacen imposible para el sujeto escapar a su posición de clase, su enfermedad mental y los modelos ideológicos, en tanto posibles de desenmascarar para el sujeto sin un trabajo que levante la censura y permita acceder a los significantes reprimidos (represión secundaria), tarea del psicoanálisis. Por lo tanto la libertad no existe o cuando existe es considerada delincuencia, locura o inmoralidad.
Así como el sujeto social es ciego a su determinación de clase y a su determinación de clase y a su determinación inconsciente también lo es a los modelos ideológicos, forma parte de su pensamiento sin que el sujeto sea consciente de ello. Menassa dice que la transformación del sujeto no pasa por devolverle algo que se le ha quitado sino quitarle lo que en él trabaja para Otro. Desmontar ese andamiaje es posible en el sujeto social por los aportes de la teoría del valor y a nivel del sujeto psíquico por los aportes de la teoría del Inconsciente: Teniendo como instrumento de trabajo estas teorías podemos leer lo que sobredetermina el escenario de la vida cotidiana y nos permite una transformación de la realidad, incidir en el campo de las ideologías, sea religiosa, familiar, laboral, etc.
Lo que nos iguala a los humanos es que habremos de morir. Amor, deseo, trabajo, escritura, muerte, significantes inseparables de la condición humana.
Si bien el camino de la hominización es distinto en el hombre que en la mujer y su imaginario no sólo distinto entre ellos sino distinto para cada sujeto, la posición hombre, mujer, es algo que no viene adherido a las diferencias sexuales anatómicas sino algo que hay que construir, hay que acceder, es una posición en el mundo sostenida por lo simbólico en tanto nadie es lo que es, sino que el sujeto nace representado por un significante y la condición humana por lo tanto está sujeta a la palabra.
Para ello es preciso que el sujeto hable, en un contexto transferencial desde donde leer su sobredeterminación para poder transformar su realidad. Hoy por hoy fue la mujer la que se expuso sobre todo en los primeros tiempos a la lectura psicoanalítica. De ahí que hoy de la mujer se sabe casi todo, la escritura Grupo Cero lo atestigua.
Una sexualidad basada en la propiedad privada, en el amor a lo idéntico, lo único. Cualquier interrupción del idilio desencadena celos, envidia que sin ser reconocidos producen síntomas, una sexualidad infantil que inmortaliza el modelo del amor a la madre y el rechazo a establecer otro tipo de vínculo que la saque del hipnotismo especular o bien de la ambición de tener al otro.
Nuestro cuerpo no existe, es escenario de lo inconsciente y nuestro ser sólo semblante. Entendemos que como humanos o nos constituimos en pactos simbólicos o morimos como un vegetal sin haber gozado jamás.
¿Qué posibilidad tiene la mujer de modificar la situación?
Empezar por su propia transformación.
Abandonar la guerra a muerte que tiene con el hombre, él padece los problemas que la cultura provoca en él y su pene no es sino una imperfección y sólo es un equivalente simbólico del falo que es un concepto teórico y no el pedacito de carne.
El camino de la liberación de la mujer pasa por amar, trabajar, escribir, es decir, participar en la construcción de su historia.
Olga de Lucia Vicente