PREMIO MUJER TRABAJADORA
2003
8 de marzo de 2003
Palabras de Carmen Salamanca
Hace exactamente un año, en esta misma sala, Amelia Díez Cuesta, anterior galardonada, me hacía entrega del Premio a la Mujer Trabajadora 2002, en nombre de la Asociación Pablo Menassa de Lucia. Hoy, otra mujer se encuentra en la misma tesitura y, a mí, me corresponde pasarle el testigo.
La frase anterior está causando sus efectos: mente en blanco, manos paralizadas y absoluta desorientación respecto a cómo seguir. Y es que, cuando algo termina, es preciso reconocer que algo pasó, que algo se modificó en uno.
Yo, en este año, aprendí algunas cosas, como, por ejemplo, que hay tareas que nunca se completan: Hoy dejo de ser la mujer trabajadora del año, pero deberé seguir trabajando, toda la vida, para ser una mujer... trabajadora.
Olga de Lucia Vicente nace en Buenos Aires en 1947 y obtiene la nacionalidad española en 1983. Vive en Madrid, ciudad donde acaba de trasladar su clínica odontológica.
Podríamos enumerar las actividades que Olga de Lucia realiza y que, por sí mismas, justificarían el fallo del jurado: trabaja como médico odontólogo y continúa su formación; escribe, ha publicado dos libros de poesía; pinta, ha expuesto recientemente; coordina talleres de cerámica; lleva adelante la dirección y administración de su propio negocio y cumple con sus obligaciones familiares.
Pero no es una cuestión sólo de currículum. Detrás de este nombre, Olga de Lucia Vicente, hay una mujer que concibe el trabajo como la única posibilidad de transformación de la realidad, de la propia vida. La única libertad para la mujer.
Te deseo un feliz aprendizaje.