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DE
LA MUERTE
Pablo
ha muerto y yo voy por la vida sabiendo que no podré doblegar esta lágrima,
por eso quiero inmortalizarla.
Más de 1.500 días y sus noches, dudando si
publicar o no el poemario de mi hijo Pablo Menassa de Lucia, asesinado en
Arganda del Rey, el 3 de noviembre de 1993, casi delante de todo el mundo.
Nunca pude saber qué era lo mejor: olvidarme del
dolor o aceptarlo como definitivo, inmortal. Hoy, aún sin saber del todo,
decido que el dolor que sentí viva para siempre en mí y más allá de mí,
tanto dolor no morirá con mi muerte:
Cuando yo tampoco esté, habrá algo de mí en el
mundo. Este dolor, la publicación del libro de poemas de mi hijo Pablo
Menassa de Lucia, asesinado en Arganda del Rey, el 3 de noviembre, delante
de casi todo el mundo.
Sé que no se hizo justicia.
Sé, también, que la justicia es uno de los
caminos de la corrupción, de la venta de armas, del contrabando de
drogas.
Pero no diré, nada.
Sé, también, que la Guardia Civil se comportó
negligentemente, con el asunto del chico (y no sé si no se sigue
comportando de la misma manera).
Pero no diré nada.
Sé, también, que las fuerzas vivas de Arganda
del Rey, de aquel momento, Alcalde, abogados del pueblo, médicos, todos
profesionales como yo, se comportaron indiferentemente, tal vez, no quiero
ni pensarlo, porque el chico no era oriundo de Arganda.
Pero no diré nada.
Sé más cosas aún: el verdadero asesino, y no es
el único caso, está en libertad, pero no digo nada, porque todo el pueblo,
la policía, los jueces, los cantineros, el peluquero, algunos de mis
vecinos, los drogadictos, los camello, las buenas madres de familia y los
niños educados, lo saben y no dicen nada. Por eso yo no diré nada.
Sólo tengo para decir este dolor. Un dolor inmortal.
Miguel
Oscar Menassa.
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