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DE
LA MUERTE
EL
NACIMIENTO DEL HOMBRE
Baila,
desencaja tu cuerpo,
la lluvia ha llegado.
Sigue truncando las palabras en el muro,
sigue sintiendo.
Explota,
desintegra tu materia,
sé millones.
Sigue
actuando como un payaso loco,
no preguntes,
mastica esa niebla helada
que quema tus instintos.
Sangra,
no pares de sangrar,
no pares de bailar,
no pares.
Déjate
el alma en cada encuentro,
salta sobre ti mismo, araña tu cara,
arroja tus entrañas contra la pared,
apasiona la noche,
cúbrete de mujeres en la noche:
bailarinas cósmicas locas de amor,
bailarinas de agua tendidas en tus ojos.
Varias palabras muertas
y un pequeño sol,
un diminuto océano
de olas
gigantescas
bajo la suela del zapato.
Rompe
las cadenas,
muerde las cadenas,
grita,
desespera,
aúlla las palabras.
Abre
y cierra tu boca,
rápido, con fuerza,
siente el oxígeno viciado en tu cabeza.
Siente
tu cerebro
haciéndose pedazos de lujuria.
Siente que ya no puedes más.
No
queda futuro chaval,
se lo comieron todo,
lo que dejaron,
está podrido,
muerto.
No
bailes a su baile,
descansa,
déjate morir en un poema
para que nadie sepa el nombre de tu muerte,
para inventar una nueva danza,
cuando la luz de la luna
toque
tu sexo envenenado,
para resucitar al alba.
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