Generación del 98

Leopoldo de Luis

DON ANTONIO MACHADO TERMINA SU LIBRO
DE 1912

Don Antonio Machado, en 1912, confiesa que su infancia 
               son recuerdos de un patio de Sevilla.
En Sevilla, una luz de oro implacable se agazapa en el 
               patio de fuente y limonero.
El patio ve jugar a los nietos del médico del gabán blanco. 
Los niños oyen cómo, junto a la puerta de su despacho, el
               padre recita viejos romances.
Al Guadalquivir no han vuelto a subir los delfines.
Delfines de la mejor poesía simbolista, Manuel y Antonio 
               suben, mar de La Mancha arriba, hacia Castilla,
¿Les acompañan el viejo sol, la sed y la fatiga?
Don Antonio encuaderna morosamente sus soledades.
El querido hermano regresó ya de tierras lejanas, y Don 
               Antonio se acerca a las tierras de Soria.
Las tierras de Soria lavan su pecho gris en el padre Duero 
                y se vuelven hacia los páramos de asceta.
Don Antonio deja su libro en las manos tísicas de la niña 
               Leonor.
Desde el Moncayo el cierzo se hace ángel de hielo, como   
               el corazón del poeta en pleno agosto, cuando 
              Castilla es una amante que agoniza.
Don Antonio mira frente a frente los ojos del dios Ibero. 
¿Será esa la oración del 98?
¿Pensó el 98 que favor y pereza son un don del dios de
              los ricos?
¿Comprendió el 98 que fatiga y esperanza son el consuelo 
              del dios de los pobres?
Pasan atónitos palurdos que no saben cantar.
Por serrijones grises pasan codiciosos parricidas.
Las democráticas encinas se enturbian con el estampido 
              de escopetas aristócratas,
y el dios de los krausistas asciende a las cumbres del 
              Guadarrama en el pecho de la Institución.
Don Antonio se sienta a dialogar con Abel Martín y hay 
              una sonrisa benévola en su rostro al comprobar 
              que Juan de Mairena copia sus pensamientos.
Leonor está entre las flores de la primavera soriana, 
Carancha está recibiendo al toro del 98 en una plaza
              partida.
 Alamos del río, colinas plateadas, conmigo vais. Don 
              Antonio termina "Campos de Castilla". Mi corazón
             os lleva.
 Sobre la playa de Colliure, la resaca de la noche 
             española.

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