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JOSE
MARTINEZ RUIZ ATRAVIESA LA MANCHA
En
1905 José Martínez Ruiz rompe los pergaminos de
La Mancha en
un tren nocturno.
El topacio del amanecer se presenta ante sus ojos en
Lora del Río.
La noche de estos ferrocarriles es densa y pegajosa,
noche que desazona los nervios y sazona los residuos
del sueño;
al salir del marasmo u hoja triste pequeñas estrías se
alojan bajo
los párpados,
una menuda ceniza araña entre los dedos.
De pronto, la dulce piel del río se lleva la mirada hacia
el clarecer
tempranero.
El paisaje de huesos castrenses se torna sensual y
mullido.
Jose Martínez Ruiz entra en Andalucía.
El
viajero cruza las calles de Lebrija, de Montellano...
Los labriegos caminan lentos, apáticos, remisos...
Se sientan anonadados en la plaza.
El viajero pega le hebra con braceros de barro inútil.
Los blancos lugares andaluces muestran sus lágrimas y
sus almas al viajero.
El viajero toma su bloc y anota una frase como una herida:
"Andalucía trágica".
Luego,
se sienta a nuestro lado y ve cómo se hojea su
cuaderno un siglo más tarde.
El paro es un caballo ciego que cocea en el costado
andaluz.
La visión de 1905 es una goma oscura que da de sí hasta
prenderse en los clavos del final del siglo XX.
José Martínez Ruiz termina Los pueblos y firma, ya
para
siempre, "Azorín".
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