Generación del 98

Leopoldo de Luis

(Children of Light*)

Te acercaste a los hijos de la luz
porque la luz brotaba de ti mismo,
una luz interior que conducía
tu corazón a la bondad. Te vi
leer a Barclay aquellas largas tardes
del invierno de Castilla. Mientras tanto
los niños inventábamos el fuego
y colgábamos ramas y cenefas
por el pasillo azul de nuestra infancia.

Te miraban como a un ser peligroso
cuando a tus ojos se asomaba un ángel.
Decían que eras réprobo y extraño
cuando tu mano era una palma amiga.
Te colgaban heréticas señales
cuando la verdad misma era tu credo.

Entre tus libros encontré una tarde
Lettre sur les Anglais. Tú ya sabías
que el hombre se libera por sí mismo
y el valor que supone ser sincero
y sencillo.
               No pude
seguirte. Bien hubiera .
querido ser espejo de tu imagen,
pero la fe no es la medalla puesta
por la madre en el pecho, ni siquiera
el soplo puro que respira el niño
a la sombra del padre. Es esa luz
interior que llevaban y no llevo
como no lleva el agua en el regato
la original pureza de la fuente.

 *Este poema último no figuraba en el primer original del libro.

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