Generación del 98

Leopoldo de Luis

PERMANENCIA

¿Qué fue de los mastines que ladraron
a los jinetes de la abulia, el hambre y la ignorancia
por la vieja heredad?

Los dispersaron las fogatas
del 36: el odio, la muerte y el exilio.
A algunos le quedó la soledad, la sombra azul del miedo        
                            cubriéndole cansina hasta la tumba.

Pero nada consigue, nadie logra
silenciar el sonido
de sus voces hermosas.
Fue Quevedo -un extraño
anticipado del 98-
quien nos dejó la bella sinestesia
de un verso memorable
en que aprendimos
a escuchar con los ojos a los muertos.

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