|
PERMANENCIA
¿Qué
fue de los mastines que ladraron
a los jinetes de la abulia, el hambre y la ignorancia
por la vieja heredad?
Los
dispersaron las fogatas
del 36: el odio, la muerte y el exilio.
A algunos le quedó la soledad, la sombra azul del miedo
cubriéndole cansina hasta la tumba.
Pero
nada consigue, nadie logra
silenciar el sonido
de sus voces hermosas.
Fue Quevedo -un extraño
anticipado del 98-
quien nos dejó la bella sinestesia
de un verso memorable
en que aprendimos
a escuchar con los ojos a los muertos. |