Generación del 98

Leopoldo de Luis

GENERACIÓN DEL 98

Gustavo de Maeztu pintó en 1917 dos cuadros fulminantes:
Son "La fuerza" y "El orden"
oscuro matrimonio que copula sobre el pobre jergón de 
                                                        los humildes.
Lamen ochenta años con su lengua los lienzos
donde el 98 fue dejando su protesta civil,
su carbón ceniciento, su sobresalto lírico,
su expresionismo de catástrofe
y su respiración comprometida.

¿Más bien será una crónica este intento o poema?
Poema o crónica echa mano de las artes pictóricas
y mira en los pinceles que fueron ojos luminosos 
denunciadores ojos de color y dolor
mientras empobrecidos regimientos de seres humillados 
transitan por la trinchera de los cuadros como manchas
          cromáticas o cortejo maltratado y anónimo.

El siglo XX desenrolla su cinta tumultuosa sobre 
          el armazón hosco de Iberia
con soldados famélicos que estuvieron en Cuba,
atónitos palurdos de Machado,
baldadiños de Valle Inclán,
campesinos en paro de Azorín,
golfos y traperos de Baroja,
bailes con Pio Cid de Ganivet,
barrancos del lobo y ruinas de monte arruit,
pugnas por la tercera internacional,
fusilamientos, paseos y suministro de café,
puente de los franceses y cumbres del Guadarrama
para milicianos y poetas,
dictaduras y prensa clandestina,
brazos alzados y palios eclesiales,
transiciones y juegos de azar,
construcciones mecánicas y ordenadores
en olas sucesivas y distintas que se agolpan en las
                       últimas playas
sobre la arena húmeda de una exposición
donde Gustavo de Maeztu resucita a su hermano que 
                      vuelve desde el barranco trágico del lobo del
                      asesinato,
y el 98 se pone en pie como el muerto de Bécquer,
                       como el cadáver de Vallejo
y se pone de pie esa sombra feroz del hombre que acecha 
                       y vio pasar sobre su propio cuerpo el joven poeta 
                       que se llamó Miguel
y que se murió a mediados del siglo
acosado por la fuerza y el orden
envenenado por el ángel perverso del odio y el ángel 
                        pobre de la tisis,
como si llevara a la espalda la joroba de un 98 irredento, 
en tanto que el nuevo milenarismo filtra su luz impía por
                        las rendijas de internet.

Índice

Anterior

Siguiente