Generación del 98

Leopoldo de Luis

  LA SOMBRA DE MONTAIGNE

Nunca estamos en casa,
estamos más allá.
Vacío está el castillo del Périgord
en tanto que Miguel Montaigne se aleja
por las existenciales avenidas
de sus Ensayos.
                                    
Todo es relativo
y las mejores rosas de la duda
las corto en mi jardín.

                                           El hombre porta
un saco de pesada impedimenta
que condición se llama.

Vano, diverso y ondulante el hombre
se va haciendo, es un mar: crece y refluye, 
dibuja curvas lentas en su playa,
va más allá...

                             Se presta 
a los demas, pero se entrega solo
al señor de sí mismo,
y avanzan las quimeras
sus monstruos sin reposo
hasta no coniurarlos con lo escrito.

¿Escribir es hacerse o deshacerse,
es mar o playa, es ola o es espuma? 
Ensayar es vivir.
Ama la vida este
señor de la Montaña,
este Miguel Eyquem, pero se apresta
a deiarla en sus libros:
"Yo soy mi libro" , dice, y va poniendo
su vida letra a letra:
medio siglo en sutiles reflexiones
de quien sabe que vale la sonrisa 
-pequeña flor o gesto-
más que el llanto
por más indeferencia hacia las cosas.

Pasan luces, ideas, fantasías,
virtudes y pecados en menuda 
procesión. Amanece
por Périgord, mientras la muerte avanza 
y Miguel pone punto a sus ensayos.

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