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DE
PRONTO, UN SOLANA
En París,
en el museo del impresionismo,
en loca fiesta de color y ronda
de luces, dí la vuelta
y de pronto "Garrote en una plaza de Castilla".
Naufragó lo
sensual, se fue la luz.
Las ninfeas de Monet,
el aire de Renoir,
los vendavales de Corot,
las bailarinas de Degas,
las tahitianas de Gaugin,
las frutas rojas de Cézanne
o las olimpias de Manet.
Cortada la corriente,
sólo un obispo lento y de ceniza
prosiguió consagrando
en la capilla gris de la pintura.
Hay un mundo vulgar y
mendicante,
un batallón oscuro que se impone.
¿Es espejo o la muerte?
Diluviaba en París
aquella tarde
como en Madrid o en Frómista,
y quizá alguien compró un viejo paraguas
en los puestos sin luz de "Las Américas".
Cerraban el museo y
me senté en el ala
de piedra de la acera. Pasó un coche
salpicándome el llanto de la lluvia.
Volar entre la luz será más lírico
pero mirar la calle es más humano. |