Generación del 98

Leopoldo de Luis

CEMENTERIO EN CASTILLA

Algo pasó entre mármoles antiguos
que habla de mí sin ser yo ni saberlo.
Sin tocarlo, me toca; sin hablarme, me habla;
sin sujetarme me ata y me enraiza.
La vieja tierra castellana pone
su barro pobre y fiero por mis pies.
¿Será verdad que hay siempre primavera
escondida en la tierra y nos aguarda?
Hay otra primavera que fenece, 
que ahora, en este mismo instante, se confunde
en el solsticio y luz agrega 
a la luz de los ojos que se fían 
de su azul maternal, y perseveran
rozando el frío antiguo de estos mármoles.

Aún no somos historia, pero somos historia
reflejada en la piedra.
Qué luz oscura, paradójicamente, nos llega desde el
          mármol
e ilumina paisajes lejanísimos,
bosques que desenredan sus frondas amarillas,
caballos que galopan por planicies moradas,
muros que yerguen laberínticos grises.
Sangres que dilataron corazones en pechos imbatidos
y en batidas mudanzas sucesivas, 
en olas que reducen arcos y arcos
hasta la playa humilde de nuestros pies actuales.

Y sentimos el viento tan antiguo, tan de hoy, tan
          inmutable en su movilidad inaprensible.
Repite nombres tan remotos como las aves que 
          encontraron nido en tumbas olvidadas
y acaso vuelen por nuestro pecho con aletazo extraño 
en este cementerio, aquí, en Castilla.

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