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ATRAVESANDO
CASTILLA BAJO LA LLUVIA
Atravieso Castilla
esta mañana de dulce y diluvial
simbología.
Es como una mujer de agua y de llanto prodigando
sus besos y su música
sobre el silencio gris, el campo gris, el pecho gris
y el gris ensueño
de la soledad.
Qué, don Miguel diría
de esta tierra empapada como
un alma
embargada por la duda.
Qué, don Antonio de estas sierras de agua.
Qué, el pequeño filósofo desde la metafísica del
cántaro.
O qué, la nietzscheana negación del diluvio.
Atravieso Castilla
como quien ve a la madre despedirnos
serena cuanto amarga,
como quien ve a una extraña mujer entre las velas
líquidas de un
entierro no triste,
de un funeral sin pena ni gloria,
con una gris sonrisa cenicienta.
¿Fuiste así de
verdad, Castilla, amante platónica
y lejana de sus
ansias?
¿Eras cuerpo y lujuria imaginada
o mujer poseída entre sus brazos
de misóginos tristes y silentes?
La castidad se viste de ángel gris,
de ángel de alas mojadas,
de armonía mojada y besos místicos
para paliar sus lúbricos deseos
y mirarse en las lentas superficies espejeantes,
blancas,
azucenas de vidrio en que se observan,
en que te observan joven reflejada.
Carne de hermoso palpitar Iloviente.
Para fieles amantes descubierta.
El vasco metafísico, el sociólogo,
el de pupilas de mediterráneo,
el andaluz de tarde apaciguante.
¿Fuiste así, tan
amada, o sólo encanto
de inventadas estampas que congregan
para la fe de agnósticos devotos
torturados misántropos
de laicas, estilísticas liturgias?
Y pasan con mil
gracias derramando
con óleos grises sobre carnes lentas
igual que sacerdotes invisibles
ungiendo y consagrando el cuerpo amado
de la novia Castilla, de la amante Castilla,
de la madre Castilla, miserable y hermosa,
tan santa y meretriz, tan violada virgen,
tan Melibea intacta, tan dama Dulcinea,
tan Celestina oscura, tan Guiomar perdida,
tan Leonor de llanto.
Plural mujer de tierra, mujer única y sola.
Dulce Castilla en
manos de la lluvia,
bajo plumas de lluvia,
bajo besos de lluvia, bajo palios
como reina de lluvia,
esta mañana de un verano apenas
en que a tierra de campos regresaba.
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