Generación del 98

Leopoldo de Luis

NOTA PREVIA

UNOS POEMAS A LA "GENERACIÓN DEL 98"

  Este pequeño haz de poemas se aparta de cualquier altercado histórico crítico que matice, module, trocee o incluso aniquile el tapiz asimétrico de la bien o mal llamada "generación del 98". La Poesía -o su intento- no es ni historia ni crítica. Menos aún ideología. La Poesía es emoción y sensación, memoria y pálpito, y este libro nace con vocación poética. Responde a experiencias lectoras. Las obras de estos autores no sólo enriquecieron mis conocimientos, sino que constituyeron una aventura afectiva.
  El fin de siglo trae su centenario, y éste despierta memorias que buscan lo lírico sin librarse del todo de lo narrativo. En los autores del 98 hay un fermento rebelde y un deseo renovador que no pueden serme indiferentes. Los cuadros de Gustavo de Maeztu -pintor en cierto modo ideólogo de la época- descaran la teoría del poder dominando a la sociedad desde la fuerza. "Prefiero la injusticia al desorden", alguien dijo, olvidando que la injusticia ya es un desorden moral. Otro pintor generacional, Julio Romero de Torres, lleva a sus primeros lienzos la represión del proletariado. Un estilista, Azorín, traza la estampa cruel de una Andalucía amarga. Baroja se acerca a las vidas sombrías. Don Antonio Machado descubre al Dios Ibero. ¿Todo esto es noventayochismo? No lo sé, pero todo esto tiene una palpitación literaria y social, que llega en forma de arte admirable, se acerca a mi corazón de lector asiduo. ¿Basta para alentar una palabra poética? Basta -creo- como entrañable suceso de mi propio vivir. ¿Importa si aquellos artistas constituyeron propiamente una generación? ¿Importa si algunos de sus temas acabaron en tópicos literarios? Aunque así fuera, esos tópicos se hicieron emocionantes símbolos de sueños, esperanzas y hasta normas de vida. Una vez alojados en el pensamiento y en el sentimiento, una vez que -siguiendo a Unamuno- tales pensamientos están sentidos y tales sentimientos están pensados, bien pueden merecer el halo poético que me gustaría darles -modesto homenaje-, como lector que les debe buena parte de su bagaje intelectual y, en cierto modo, ético.
   Antepongo al texto general, como ofrenda imposible de un nuevo libro, el poema que dedico a la muerte trágica de un poeta joven, porque siempre la desaparición de una voz juvenil merma un poco de luz en el mundo. La poesía es la sal que sazona la existencia, y la pérdida de un poeta joven es "la sal perdida".
                                                                        L. de L. (Verano del 99)

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